Dos días después de que Ursula von der Leyen anunciase ante el Parlamento de Estrasburgo la posibilidad de un acuerdo de alto nivel entre la Unión Europea y Canadá, Donald Trump ha movido ficha en el Ártico, desvelando unilateralmente un acuerdo con Dinamarca para someter la seguridad de la isla de Groenlandia al “control” de Estados Unidos. Está por ver que Canadá decida asociarse a la Unión Europea, pero algo se mueve. Habrá que leer la letra pequeña del acuerdo sobre Groenlandia, pero algo se movía cuando la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen, decidió arremeter contra el socialista español Pedro Sánchez por la crisis de Ceuta. Cuando a principios del pasado mes de agosto, Frederiksen impulsó junto con Giorgia Meloni una carta de condena a la política migratoria de España, Borgen estaba negociando con Washington un delicado pacto sobre Groenlandia y ultimaba un acuerdo con Rabat para reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. (Borgen, el castillo, título de una celebrada serie de televisión, es el nombre que recibe el castillo de Christianborg, en Copenhague, donde se concentran los tres poderes del Estado danés). A principios de septiembre, el nuevo primer ministro británico, Andy Burnham, laborista, se pronunciaba por una mayor integración del Reino Unido en la Unión Europea, sin revertir totalmente el Brexit. Integración sin adhesión. Modelo estado asociado, como el que se plantea para Canadá. En Washington tomaron nota. El día 12 de este mes, Trump defendía con énfasis la reunificación de la isla de Irlanda, esto es, la definitiva secesión norirlandesa del Reino Unido. Trump había viajado a Dublín para jugar al golf. Durante ese viaje a Irlanda, el presidente de Estados Unidos también puso en duda la soberanía británica sobre las islas Malvinas, el viejo contencioso con Argentina que fue motivo de guerra en 1982. Una guerra en la que Argentina fue militarmente humillada. Javier Milei vuelve a reivindicar las Malvinas. Ahora hay petróleo de por medio: un yacimiento submarino. Trump dice que está dispuesto a mediar. El presidente norteamericano puso en duda en Dublín la capacidad de los británicos para enviar tropas a las Malvinas. Les está provocando. Arremetieron contra el anterior primer ministro laborista, Keir Starmer, que flojeó y acabó dimitiendo. Arremeten ahora contra el ex alcalde de Manchester que parece más sólido. Dos días después de esas declaraciones de Trump cuestionando la integridad territorial del Reino Unido, independentistas escoceses, nacionalistas galeses y representantes del Sinn Féin norirlandés se reunieron en Cardiff (Gales) para poner en común sus reivindicaciones, solicitando al Gobierno británico que facilite cambios constitucionales para permitir referéndums de autodeterminación en los tres territorios. Los nacionalistas escoceses quieren la independencia. Los galeses aspiran en estos momentos a una mayor autonomía. Y los norirlandeses aspiran a la unificación de Irlanda. Las tres corrientes desean una plena integración en la Unión Europea. La reunión estaba prevista de antemano, pero se cruzó con la maniobra de Trump para zarandear la integridad territorial británica. ¿Cómo será el Reino Unido dentro de diez años? En dirección contraria, Washington ha dado apoyo a la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, después de la avalancha humana de finales de julio. No lo hicieron de inmediato. Su primera reacción fue convertir Ceuta en un spot electoral del Partido Republicano. “Esto es lo que nos pasará si vuelve a ganar el Partido Demócrata”, decía un impactante vídeo-tuit de Elon Musk en el que aparecían millares de zombis salvajes asaltando una ciudad amurallada. Meses antes, el veterano congresista republicano Mario Díaz-Balart, de origen cubano, situaba Ceuta y Melilla en territorio marroquí y pedía redefinir su estatus. El 6 de agosto, el Departamento de Estado zanjó la cuestión, reafirmando el apoyo de Estados Unidos a la soberanía española en Ceuta y Melilla. Vox reivindica haber trabajado en favor de esa declaración, tal y como informaba La Vanguardia el pasado domingo. En paralelo, el presidente de la Heritage Foundation, Kevin Roberts, entidad hoy influyente en la Casa Blanca, fundación que ha inspirado buena parte del programa gubernamental republicano, se pronunciaba también por la españolidad de Ceuta y Melilla. El pronunciamiento de Roberts tuvo lugar en una reunión del Foro de Madrid en Santiago de Chile. (El Foro de Madrid es una plataforma de diálogo y colaboración impulsado por Vox en el que participan diversos partidos y grupos de la derecha y la extrema derecha latinoamericana). Detrás de ese pronunciamiento estaba la fundación Disenso, el laboratorio de ideas de Vox, partido que también ha estado en diálogo con el Gobierno israelí sobre Ceuta y Melilla. La encargada de negocios de Israel en España, Dana Erlich, también ha defendido públicamente la soberanía española en Ceuta. Vox mantiene en estos momentos un tono muy duro con Marruecos, aliado incondicional de Estados Unidos y cada vez más amigo de Israel. Esta semana, ambos países han acordado la apertura de embajadas. Si Estados Unidos e Israel hubiesen mantenido una posición ambigua sobre el estatus de Ceuta y Melilla, hoy el debate político español sería bien distinto. Washington quiere desestabilizar al gobierno laborista británico y apoya a sus aliados en España enfocando la crisis de Ceuta como una debilidad del Gobierno español de izquierdas. Mas movimientos. Alternativa para Alemania (AfD), fuerza en auge, que hoy vuelve a ponerse a prueba en las urnas en la ciudad-estado de Berlín y en el estado federado de Maklemburgo-Antepomerania, se interesa por el Tirol del Sur, territorio de habla alemana del antiguo imperio austrohúngaro que fue anexionado por Italia al concluir la Primera Guerra Mundial. El Südtirol dispone hoy de una amplia autonomía en el marco de la región Trentino-Alto Adigio, fronteriza con Austria. En los años sesenta hubo mucha tensión en la región, con el surgimiento de un grupo secesionista que recurrió al terrorismo. Se registraron más de 360 acciones violentas, la mayoría de ellas, voladuras de postes de alta tensión, con 21 muertos, hasta que el Gobierno italiano, bajo iniciativa del democristiano Aldo Moro, amplió la autonomía. Con todo ello, el secesionismo, ahora sin violencia, persiste. Hay un partido sudtirolés autonomista (Südtiroler Volkspartei) y dos formaciones minoritarias que plantean la incoporación a Austria. Una delegación juvenil del partido Süd Tiroler Freiheit (Libertad Sudtirolesa), defensor de la secesión, participó en agosto en el congreso del movimiento juvenil de AfD titulado Generation Deutschland. Hubo llamamientos a la autodeterminación. Pangermanismo en acción. Más detalles relevantes. El congresista republicano Carlos A. Giménez , también de origen cubano, como Díaz-Balart, ha publicado esta semana el siguiente mensaje en X: “Desde el Congreso de Estados Unidos, denunciamos la persecución política que están enfrentando los patriotas de Aliança Catalana por el régimen de Pedro Sánchez en la Moncloa y sus aliados socialistas comunistas en Barcelona”.