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Operación independentista en España aprovechando el 'procés' británico
La declaración soberanista firmada, el pasado lunes en Cardiff, por los ministros principales de Escocia, Gales e Irlanda del Norte [John Swinney, Rhun ap Iorwerth y Michelle O'Neill] es el espejo en que Junts, ERC y EH Bildu fijan la mirada con el objetivo de plantear un nuevo desafío al Estado. Los dirigentes de los Gobiernos autónomos de las tres naciones constitutivas que, junto a Inglaterra, forman el Reino Unido son, al mismo tiempo, líderes de los partidos secesionistas Scottish National Party, Plaid Cymru y Sinn Féin, que por primera vez ostentan el poder a la vez en los tres territorios. Aunque lo hicieron en representación de sus formaciones, la firma del memorando de entendimiento del 14 de septiembre por parte de los jefes de los tres Ejecutivos regionales dio un barniz institucional al documento, en que acordaron coordinar sus esfuerzos para defender el derecho a la autodeterminación y reclamar al Gobierno británico los mecanismos que permitan a cada uno de los países decidir su futuro. Los ecos del pacto de Cardiff no han tardado en llegar a España, donde el independentismo catalán y el vasco lo ven como una rendija a través de la cual explorar el camino de un nuevo embate como el que derivó en Cataluña en el referéndum del 1 de octubre de 2017. Las direcciones de Bildu y Esquerra, encabezadas por Arnaldo Otegi y Oriol Junqueras, se reunieron el miércoles en Bilbao en uno de sus periódicos encuentros de colaboración. Uno de los principales asuntos que abordaron fue el acuerdo de los dirigentes de los tres territorios autónomos de Gran Bretaña y del nordeste de Irlanda. Los dos partidos coincidieron en «celebrar la estrategia iniciada por las fuerzas independentistas que gobiernan en Escocia, Gales e Irlanda del Norte para ejercer su derecho a la autodeterminación a través de un referéndum». El pacto tripartito muestra, para Otegi y Junqueras, «la convicción de que las naciones y comunidades que representan merecen más ambición, más oportunidades económicas y una voz más potente a la hora de decidir su propio futuro». Y, emulando ese marco, republicanos y abertzales sostienen que «Cataluña y Euskal Herria son dos pueblos oprimidos que deben unir fuerzas y trabajar de la mano en el camino del objetivo de la independencia». Llamamiento al BNG Esquerra también instó ayer al Bloque Nacionalista Galego a sumarse al «hermanamiento de las izquierdas soberanistas para combinar la emancipación nacional y la justicia social». En el consejo nacional celebrado en Barcelona, su eurodiputada y adjunta a la presidencia, Diana Riba, pidió «recoger el guante» de Cardiff y «compartir horizontes en la defensa del derecho a decidir». La dirigente de ERC dijo que, en los últimos días, han mantenido contactos con los nacionalistas irlandeses para analizar «cómo están coordinando su alianza y por dónde avanzarán para condicionar las políticas del Reino Unido». En Junts también consideran que «la autodeterminación vuelve a abrirse camino en Europa y Cataluña debe estar ahí». El responsable de Relaciones Institucionales neoconvergente, Aleix Sarri, no dudó en calificar la firma del memorando de Cardiff como «un momento político histórico». «Una nueva ventana va abriéndose poco a poco y hay cosas que aprender en todo ello», vaticina el vocal de la ejecutiva de JxCat y asesor de Carles Puigdemont en Bélgica. La situación de inestabilidad en el Reino Unido, con seis primeros ministros en la última década [los conservadores Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss y Rishi Sunak y los laboristas Keir Starmer y Andy Burnham], ha facilitado que las fuerzas secesionistas tengan hoy el poder en los tres territorios del Estado con autonomía política. Pero no es esta la primera vez que el independentismo catalán y el vasco fijan el objetivo en las estrategias soberanistas de las islas británicas. Los lazos de la izquierda abertzale con el Sinn Féin se remontan a los años ochenta y lo mismo sucede con ERC. En abril, Junqueras se entrevistó con la ministra principal O'Neill, la presidenta del partido, Mary Lou McDonald, y su antecesor, el histórico líder Gerry Adams. En cuanto a la relación entre los republicanos y el Scottish National Party, se intensificó desde la etapa con Alex Salmond al frente [2004-2014]. Precisamente, el espejo escocés ya fue clave en los primeros años del procés. El referéndum de autodeterminación de Escocia de septiembre de 2014 sirvió como faro para espolear en Cataluña la consulta del 9-N de aquel año, el antecedente del 1-O. Pese a la derrota de los independentistas escoceses [55,3% de votos contra la secesión frente al 44,7%], Convergència y Esquerra blandieron la autorización del premier conservador David Cameron y del Parlamento de Westminster a que los escoceses decidieran su estatus político para exigir al Gobierno de Mariano Rajoy que permitiese un referéndum vinculante en Cataluña tras el ensayo unilateral del 9-N. Antes de la consulta escocesa, el nacionalismo catalán ponía sus ojos sobre Canadá, en concreto sobre la provincia francófona de Quebec. Convergentes y republicanos reclamaban que en España se aprobase una norma similar a la Clarity Act [Ley de Claridad] que el Parlamento de Canadá aprobó en el año 2000 para regular las condiciones mediante las cuales un territorio federado podría negociar su separación del país tras un referéndum. Esa ley surgió tras los dos referéndums quebequeses de 1980 y 1995. El primero, con clara victoria del no [59,56% frente a 40,44%] y el segundo también, pero con un ajustadísimo 50,58% a 49,42%.
Source
El Mundo
· Gerard Melgar