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La cadena de mando del PSOE se resquebraja: Moncloa marca el relato, Ferraz pierde peso y el grupo parlamentario "vuela a ciegas"
La crisis de Ceuta no solo ha puesto a prueba el relato del Gobierno. También ha terminado por dejar al descubierto los problemas de coordinación entre Moncloa, Ferraz y los grupos parlamentarios socialistas, una cadena de transmisión que distintas voces del partido describen cada vez más debilitada y cuyo deterioro ya se expuso el pasado martes en la última reunión del grupo parlamentario, según confirman a 20minutos fuentes presentes en el encuentro. La línea política se fija fundamentalmente desde Moncloa y, a partir de ahí, el partido y sus diputados y senadores tienen que encontrar la manera de defenderla, en ocasiones sin haber participado previamente en su elaboración y sin disponer de toda la información necesaria. "Volamos a ciegas", resumen fuentes del grupo socialista en el Congreso. "A veces decimos muchas tonterías", resume una fuente de peso dentro del grupo, que pone como ejemplo algunos de los mensajes lanzados por ministros durante la crisis migratoria de Ceuta, desde dar prácticamente por resuelta la situación en agosto hasta anunciar que se devolvería a todos los inmigrantes que hubieran entrado irregularmente. "Incumplimos a veces la regla de contar hasta diez", añade para describir una forma de comunicar que después obliga al resto del partido a asumir y defender posiciones ya fijadas. El problema, según consideran desde el grupo parlamentario, es que se enteran de la estrategia cuando esta ya está en marcha y sin a veces tener información suficiente como para poder defenderla. La sensación se repite entre otros diputados, que apuntan a que se han ido perdiendo espacios de coordinación que antes funcionaban con mayor regularidad. "Antes al menos había reuniones con el grupo, ahora ya no", explica otra fuente parlamentaria. La desconexión también ha sido visible en el día a día del Congreso. Montse Mínguez es portavoz en Ferraz y dirige el grupo socialista, pero la presencia cotidiana y activa de la estructura orgánica en la Cámara se ha reducido notablemente: salvo Mínguez, el resto de dirigentes y equipos del partido que antes pasaban habitualmente por el Congreso prácticamente han desaparecido de esa rutina de contacto y reuniones. "Estamos de todo menos coordinados", resume una de las voces consultadas. Tampoco María Jesús Montero está sirviendo, según estas fuentes, como el puente entre el entorno de Sánchez y el grupo parlamentario. La número dos de Ferraz compagina ese cargo con el liderazgo del PSOE de Andalucía y buena parte de su actividad política está ya centrada fuera de Madrid. Ahora es senadora por designación autonómica, pero eso tampoco está sirviendo de manera alguna como engranaje entre el mensaje de Sánchez y el del grupo parlamentario. De hecho, desde el Senado aseguran que Montero apenas va a la Cámara Alta. "La comunicación es poca o nula", señala esta fuente. Sobre reuniones de coordinación en la Cámara Alta, un senador dice que no hay "nada". Recuerda, eso sí, uno que durante años desempeñó precisamente esa función: los llamados maitines de los lunes en Moncloa. "Ahora no veo a Rebeca Torró [secretaria de Organización del PSOE] y demás en eso, la verdad. Están en otro chip", opina esta voz. Los maitines fueron durante distintas etapas una de las principales mesas políticas del núcleo del presidente. En ellos se sentaban miembros de Moncloa, ministros y responsables de Ferraz para analizar la actualidad, ordenar la estrategia de la semana y tratar de evitar mensajes contradictorios. Ninguna de las fuentes consultadas deja claro si estas reuniones se siguen celebrando: o lo desconocen o rechazan comentar "reuniones privadas". Las críticas alcanzan también a Torró, secretaria de Organización del PSOE desde julio de 2025, tras la abrupta salida de Santos Cerdán por su imputación por corrupción. Algunas de las voces consideran que no está ejerciendo o no le están dejando ejercer su cometido como engranaje entre las distintas estructuras. "Es sobre el papel", sostiene una de ellas al referirse a esa labor de coordinación. El resultado que describen varios parlamentarios es prácticamente el mismo: Moncloa lanza el mensaje y Ferraz y los grupos tienen después que apañarse para defenderlo. Desde el Ejecutivo niegan que haya "fuego amigo" y rebajan las discrepancias internas a la convivencia de distintas opiniones dentro del PSOE. Lo cierto es que tampoco Moncloa es un bloque completamente homogéneo y dentro del Gobierno conviven perfiles y formas de hacer política diferentes, más aún en una situación como la actual, en la que la sensación de fin de ciclo expande el nerviosismo entre las filas socialistas. Y no todas las voces consultadas, de hecho, interpretan esos desajustes de la misma manera. Un diputado socialista, vinculado además a una federación territorial, prefiere verlos con más matices y encuadrarlos en un momento político especialmente difícil de gestionar. A su juicio, más que una ruptura entre Moncloa y los grupos existe una diferencia de lógica y de tiempos: Presidencia mira buena parte de la actividad legislativa desde la necesidad de negociar, construir mayorías y conseguir que las iniciativas salgan adelante, mientras diputados y senadores viven pegados al día a día de una Cámara en la que cada votación puede convertirse en una negociación al límite. "Siempre va a haber esa historia con Moncloa, cada uno va a su estilo", resume. Esa fuente pone el acento precisamente en la complejidad de una legislatura en la que casi ninguna mayoría está garantizada de antemano. En los grupos, explica, el trabajo obliga a estar permanentemente pendientes de acuerdos, cesiones y "votaciones de infarto", mientras Moncloa trata de gestionar el conjunto de la legislatura y la relación con unos socios cuyas posiciones cambian en función de cada iniciativa. Rafael Simancas, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, desempeña buena parte de esa labor negociadora. Por eso, este diputado evita sumarse a una lectura estrictamente crítica y prefiere asumir que el momento es difícil y que no resulta sencillo coordinar todas las piezas, aunque sí reclama una acción legislativa y presupuestaria más coherente que permita al PSOE ordenar mejor su discurso y sus prioridades. La crisis de Ceuta expuso la descoordinación La crisis de Ceuta ha sido probablemente el episodio en el que todas esas costuras han quedado más expuestas. Uno de los momentos que generó mayor desconcierto interno fue la decisión de desclasificar y publicar 40 documentos sobre las semanas previas a la entrada masiva de migrantes. El Gobierno presentó la medida como un ejercicio de transparencia y sostuvo que demostraría que nadie había podido anticipar la magnitud de lo ocurrido. En el grupo socialista, según fuentes consultadas, existía además la impresión de que los documentos no aportarían nada sustancialmente distinto de lo que ya se había explicado. Pero entre ese material figuraba la comunicación del CNI del 29 de julio en la que se advertía de llamamientos en redes sociales para intentar entrar en Ceuta por la valla y por mar. En el grupo no todos entendieron la maniobra. "Si desclasificas 40 documentos de esa índole, obviamente puede haber todas las interpretaciones", señala una voz de peso en el grupo, que cuestiona que se calibraran las consecuencias políticas de hacer público un volumen tan amplio de información. En Moncloa reconocen que la maniobra no salió especialmente bien internamente, pero lo defienden alegando que lo que hicieron fue "lo correcto". Ceuta, en ese sentido, no habría creado el problema de coordinación, sino que lo habría hecho visible. Moncloa mantiene el control del mensaje, pero en una parte del partido crece la sensación de que quienes tienen que defenderlo después no siempre participan en cómo se construye. "Cada uno está a lo suyo", resume otro diputado. De hecho, fuentes presentes en la última reunión del grupo, la del pasado martes, aseguran que se expresó abiertamente malestar al respecto. Y es que esta descoordinación últimamente está quedando expuesta más de lo habitual. Además de con Ceuta, también sucedió cuando salió a la luz un dosier de periodistas elaborado por el Ministerio del Interior con descripciones de su supuesta ideología. Mientras desde Moncloa se trató de rebajar el alcance de la polémica, remitiéndose a las explicaciones de Interior y negando que el documento pretendiera señalar o censurar a periodistas, Patxi López, portavoz del grupo, adoptaba casi al mismo tiempo un tono bastante más crítico desde el Congreso: aseguró que no le gustaba "absolutamente nada" que se clasificara a nadie por su pensamiento o ideología y reclamó explicaciones al departamento de Fernando Grande-Marlaska.
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20 Minutos España
· Marta Moreno