Hace tiempo que Pedro Sánchez perpetra un golpe a la democracia, que ni se molesta en disimular. A diferencia de las asonadas de antaño, él no irrumpe en el Congreso empuñando una pistola, pero atenta de un modo más perverso contra el Estado de derecho, ... retorciendo en su beneficio los instrumentos que debería emplear para defenderlo. Ahí está, sin ir más lejos, el Ejército, atado de pies y manos en Ceuta con el fin de preservar los secretos de su teléfono pirateado por Marruecos a costa de desproteger nuestras fronteras y abandonar a los ceutíes. Ahí está su pretensión de maniatar también al Rey. Ahí está la reacción histérica de sus pretorianos frente a la paralización cautelar de los efectos electorales propiciados por la mal llamada 'ley de nietos', como demostración palmaria de que el propósito de la ordenanza bloqueada por el Supremo no era garantizar un presunto derecho al voto, ya de por sí discutible, sino dar un pucherazo en las próximas elecciones. Ahí están los ataques virulentos a los jueces que cumplen con su deber de investigar las denuncias que le atañen, la transformación ilícita del Tribunal Constitucional en una corte de casación o los intentos descarados de liquidar la independencia judicial. Ahí está su actitud chulesca de sátrapa bananero, negándose a rendir cuentas ante el Senado o respondiendo únicamente a periodistas alfombra.
Los ejemplos son innumerables. Sánchez pretende atrincherarse en el poder a cualquier precio, incluida la traición, entre otras cosas porque teme, con razón, acabar preso cuando lo pierda. Ante esta agresión consumada contra nuestra nación y nuestras libertades, la oposición tiene la obligación inexcusable de configurar una alternativa sólida, capaz de revertir rápidamente los desmanes del felón. A tenor de lo sucedido en los últimos comicios autonómicos, los líderes del PP y Vox han entendido al fin que se necesitan el uno al otro y van a tener que gobernar juntos, en el supuesto de que se cumpla el augurio de las encuestas. Es un buen comienzo, pero no basta. Porque lo que van a heredar, si heredan, serán escombros y ceniza. Una España empobrecida, debilitada y polarizada, aislada de nuestros aliados naturales en el ámbito internacional, con una clase media destruida y unas instituciones okupadas por lacayos del sanchismo. El erial que han sembrado de sal los arquitectos de este régimen, determinados a perpetuarse siguiendo los pasos del chavismo. La situación es de tal gravedad que requerirá medidas drásticas en los primeros cien días. Decisiones importantes en materia judicial, electoral y económica, nombramientos y reformas legales que no se improvisan, lo que significa que ya deberían estar sobre las mesas de ambos partidos, barajadas por los equipos llamados a ejecutarlas. La baza en juego es España y no habrá otra oportunidad. Por nuestro bien y el suyo, esperemos que Feijóo y Abascal hayan entendido el mensaje.
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Isabel San Sebastián: Feijóo y Abascal ante el golpe sanchista
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ABC España
· Isabel San Sebastián