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Geografía de una provocación: el Este europeo se prepara para la agresión rusa
El pasado jueves, aniversario de la invasión soviética del este de Polonia en 1939 (tras haber ocupado los nazis su parte oeste), las alarmas antiaéreas volvieron a atronar en el territorio que hace frontera con Ucrania. En ese momento, comenzaron a activarse protocolos olvidados desde hace muchas décadas: viandantes buscando el refugio más próximo, niños en las escuelas bajando a los sótanos y aeropuertos pausando sus actividades. Los aeródromos de Lublin y Rzeszow ya han detenido sus operaciones tres veces durante los últimos tres días. Mientras tanto, en Lituania informan a su población de las rutas de evacuación de su capital Vilna en caso de agresión rusa hacia Polonia. Vladimir Putin ha conseguido algo que hace muy poco era impensable: ahora todo el flanco este de la OTAN es una inmensa zona gris por la que vuelan drones rusos a diario, misiles de crucero atraviesan fronteras y aviones de combate violan en espacio aéreo, como sucedió el jueves en Lituania, lo que obligó a despegar de urgencia a los Eurofighter italianos que ahora custodian los cielos de este pequeño país báltico. Desde el mes de agosto, los incidentes de seguridad en las fronteras de Europa se han multiplicado en medio de una escalada peligrosa por parte del Kremlin. El primer ministro polaco Donald Tusk aseguró ayer que su servicio de Inteligencia le ha informado de manera «consistente» de que Moscú planea atacar con drones y misiles uno o varios países de la OTAN bajo la excusa o la narrativa de un «accidente». «Sabemos que Putin está tramando algo», concluyó Tusk. Escalada En su última edición, el semanario The Economist alerta de que, según sus fuentes cercanas al Kremlin, Vladimir Putin ha decidido «escalar el conflicto». En el contexto actual existen tres maneras de hacerlo: usar armas nucleares tácticas en Ucrania, doblar la apuesta con una segunda gran movilización de centenares de miles de rusos o extender el conflicto de forma limitada a algún país de la OTAN. Muchos analistas militares de prestigio alertan sobre esta última opción como la más tangible e inmediata: quizá después de las presentes elecciones legislativas rusas. Todo esto llega, recordemos, tras la visita del director de la CIA John Ratcliffe a Moscú, presumiblemente, para advertir al régimen de Putin de no acometer ninguna maniobra hostil contra ningún país de la OTAN. De momento, Polonia ha reforzado sus fronteras con varios batallones, desplegados tras el ataque del 13 de septiembre: drones rusos impactaron a apenas a dos kilómetros de Polonia, y uno de ellos golpeó la locomotora del tren de Kiev a Varsovia en el que viajaban, entre otros, el ex primer ministro británico Boris Johnson y el general estadounidense David Petraeus. Los soldados del 18 y 4 regimiento de ingenieros están reforzando los pasos fronterizos y construyendo puestos de observación y de guardia, así como defensas antidrones. A la Guardia Fronteriza se le ha ordenado distribuir cascos y chalecos antibalas, designar refugios y verificar las posibilidades de una evacuación rápida. Varios grupos polacos de Defensa Civil Vecinal ya se preparan para lo peor. «Si caen las bombas, ya será demasiado tarde», dice Dawid Komuda, líder de uno de ellos, en el medio polaco Wyborcza. «Queremos mapear todos los bloques de mi calle, averiguar cuántos mayores tenemos, quién necesitará ayuda en caso de crisis. También estamos formando grupos de tareas, si alguien tiene coche, puede unirse al grupo de transporte, habrá un grupo para el agua, para los recursos y así sucesivamente», dice Dawid. Operación limitada Los analistas de la OTAN buscan lugares en los que Rusia puede lanzar una operación rápida y limitada como provocación para medir la determinación de la Alianza. Varios expertos no creen que vaya a producirse en Polonia o Finlandia, países con grandes ejércitos, sino en los bálticos, naciones pequeñas, con poca población y fuerza militar dependiente de sus aliados. Estos lugares donde la seguridad es precaria son 1.- Saatse, en Estonia, un diminuto saliente que se hunde en territorio ruso. 2.- Dieveniks, una lengua de terreno lituano incrustado en Rusia y fácil de aislar por su base. 3) Spreki, una aldea letona cuyo límite ya es Rusia. 4.- Cualquier isla deshabitada del Báltico susceptible de ser ocupada por una pequeña fuerza desembarcada. Ocupando cualquiera de estas localizaciones, la disyuntiva que le crearía a la OTAN sería clara: si Occidente responde, corre el riesgo de entrar en guerra directa con Rusia, algo indeseable. Si no haces nada, la Alianza y su artículo 5 demuestran su inutilidad en un caso de conflicto real. Se trata, además, de una ventana de oportunidad muy propicia para ese tipo de acción por varias razones. EEUU se ha desgastado inútilmente en el Golfo Pérsico y ha gastado una buena parte de su arsenal de misiles de crucero y antiaéreos, lo que limita mucho sus opciones. Dos de los más importantes socios de Ucrania, como Francia y Alemania, están inmersos en crisis políticas. Tras la contundente derrota de la CDU ante el AfD en Sajonia-Anhalt, el partido del canciller Friedrich Merz corre el riesgo de sufrir dos derrotas más el 20 de septiembre, en Berlín y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental. En París la impopularidad del gobierno es muy alta y Agrupación Nacional, partido de Marine Le Pen, alineada en el pasado con Putin, encabeza la intención de voto de cara a las presidenciales de 2027. Rusia además tiene muchísimos agentes durmientes en Europa (y una enorme capacidad de reclutar a otros nacionales) y sus organizaciones de Inteligencia son sospechosas de estar detrás de los sabotajes masivos de líneas de ferrocarril en Francia y Países Bajos en septiembre. Si Rusia planea una ofensiva sobre los países bálticos, los expertos militares prevén un aumento de sabotajes en Europa poco antes del ataque, pero también después, para retrasar la llegada de los refuerzos de la OTAN. Terror contra Occidente Marko Mihkelson, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento de Estonia, explica estos ataques rusos en ese contexto: «Es necesario que los aliados occidentales llamen a lo que está ocurriendo por su nombre adecuado y no se escondan detrás del lenguaje suave de una 'amenaza híbrida'. El régimen terrorista de Rusia está librando una campaña de terror contra Occidente, con el objetivo principal de socavar nuestra voluntad de seguir apoyando a Ucrania durante el tiempo que sea necesario. Su segundo objetivo es sembrar el miedo entre nuestras poblaciones y obligarnos a hacer concesiones a Rusia». El Instituto de Estudio de la Guerra (ISW, por sus siglas en inglés) asegura que «el ejército ruso podría llevar a cabo ataques aéreos, con misiles o drones, o una incursión terrestre limitada contra uno o más estados bálticos para probar y buscar romper la determinación de la OTAN de invocar el Artículo 5 y responder de manera efectiva en base a él. Un ataque ruso limitado buscaría crear una situación en la que la OTAN no pueda ponerse de acuerdo sobre cómo, o si en absoluto, responder a un ataque ruso. Cualquier ataque convencional ruso a corto plazo estaría diseñado para maximizar la posibilidad de que los estados de la OTAN no logren unificarse y proporcionar asistencia militar como alianza a un estado miembro atacado». Ulrich Speck, analista del Hudson Institute , cree que «Vladimir Putin no está logrando avances en el campo de batalla y Ucrania está llevando la guerra cada vez más al interior del territorio ruso. Por eso Putin ahora intenta asustar a los europeos para que dejen de apoyar a Ucrania, con el fin de cambiar el equilibrio a favor de Rusia. Se necesita una posición firme de Occidente para evitarlo».
Source
El Mundo
· Alberto Rojas