¿Por qué viajamos? ¿Para conocer otras latitudes? ¿Escapar de la rutina que propone la vida cotidiana? ¿Explorar otras culturas? ¿O simplemente desconectarse de lo conocido? Para Francisco Lafuente su viaje se trató de “un reseteo” de “parar la pelota y pensar en lo que quería”.Cuando su vida profesional y personal dio un vuelco sintió que necesitaba volver a encontrarse consigo mismo. Reconectar con ese niño de ocho años que encontraba su lugar en el mundo en dar una vuelta montando a caballo.Así fue como este empresario de 37 años emprendió un viaje “adrenalinico” por África. ¿Por qué este destino? La idea surgió de una interacción con ChatGPT una tarde de domingo. La pregunta fue simple: ¿Cuál era el mejor lugar del mundo para hacer un safari a caballo? La respuesta fue el Delta del Okavango en Botsuana. “Así que decidí ir ahí” contó a Clarín.Pero ¿por qué detenerse ahí? “De chico siempre fui fanático de los animales y la naturaleza y mi tío vivió 20 años en África. Crecí con sus historias. También me gustaba bucear mi vieja me llevaba al acuario de Mar del Plata. Y dije: ‘Bueno también quiero bucear’” relató.Lo que siguió fueron meses de aprendizaje entrenamiento y planificación para adentrarse en una aventura de 49 días que incluyó rápel senderismo buceo con cardúmenes y tiburones safari a caballo avistamiento de fauna salvaje campamento trekking con gorilas ascender por un volcán explorar el desierto del Namib y remar en kayak.Tiburones blancos y la Sardine Run: el desafío bajo el aguaLa primera travesía consistió en hundirse en los kelp forests —bosques de algas— en Ciudad del Cabo. Para ello contactó con James Lowe un fotógrafo submarino y apneísta sudafricano experto en la materia. “La verdad fue increíble. Además bucear con uno de los mejores apneístas del mundo que te enseñe él es como que te enseñe Messi a jugar a la pelota” destacó.Esa preparación le permitió ser testigo de un impresionante fenómeno natural que ocurre cada año en las costas de Sudáfrica la Sardine Run —la carrera de las sardinas— el mayor evento migratorio de biomasa del planeta. Entre mayo y junio billones de sardinas de aguas frías del océano Atlántico nadan en enormes cardúmenes hacia el norte por la costa oriental de Sudáfrica.“Mi cámara se trabó abajo del agua y mientras intentaba arreglarla un compañero me hizo la seña de tiburón. Me giré y vi pasar al tiburón blanco a un par de metros arriba nuestro. Da una vuelta y se va. Y ahí pensé: ‘Wow’” recordó. Durante siete días pudo ser testigo de las maravillas que oculta el océano desde ballenas y delfines hasta tiburones y las aves que sobrevuelan la zona. “La verdad que fue bastante peligroso porque las condiciones son peligrosas. El mar es muy cambiante” afirmó.La siguiente aventura fue en el Delta del Okavango un enorme oasis verde en medio del árido desierto de Kalahari. Francisco lo describió como “el cielo en la tierra” por sus paisajes vegetación y vida silvestre. “Ahí los animales no están habituados a los humanos no es tan comercial. Vimos perros salvajes cazar un impala. Una vez a caballo nos cruzamos con una leona a 50 o 60 metros; mi caballo se puso nervioso y tuvimos que alejarnos” relató.Durante siete días estuvo a metros de leopardos búfalos cebras jirafas y elefantes entre otros animales. Para él fue “muy adrenalinico” y una “experiencia espectacular” que no lo disuadió de seguir adelante con su itinerario. La siguiente parada fue Victoria Falls en Zimbabue donde hizo rafting y se colgó al borde del abismo en Angel's Pool una piscina natural de roca situada en la cima de las Cataratas Victoria.De los gorilas de Ruanda a la campaña para bautizar a uno como MessiTras algunos días de turismo que incluyó un recorrido en un tren de 1800 que une El Cairo con Ciudad del Cabo el viaje continuó en Ruanda. “En el norte fui al Parque Nacional de los Volcanes a ver los gorilas de montaña una familia que se llama Pablo. Elegí las caminatas más difíciles (tres horas y media de marcha para estar una hora con ellos) y usamos barbijo porque compartimos el 98 por ciento del ADN y podemos transmitirles enfermedades” detalló.Al día siguiente escaló el Monte Bisoke (también conocido como Visoke) un estratovolcán activo situado en las montañas Virunga en la frontera entre Ruanda y la República Democrática del Congo. “Es superlindo porque cuando llegás arriba de todo hay un volcán cuyo cráter es un lago. Entonces imagináte una selva o sea el cráter completamente rodeado de selva y en el medio un lago. Además se forma como una bruma. La verdad es muy lindo muy pintoresco” recordó.Sin embargo no fue hasta su segunda visita a los gorilas de Ruanda que le surgió la idea de nombrar a uno de ellos como Messi. Es que allí todos los ejemplares están identificados y llevan nombre como parte de los esfuerzos del Fondo Dian Fossey para la Conservación de los Gorilas. Cada año durante el festival Kwita Izina se bautiza a los nuevos bebés de gorilas de montaña.“Como allá me asociaban con Argentina y Messi le propuse a las autoridades bautizar a un gorila bebé como ‘Messi’ lo cual generaría gran repercusión mediática y turismo. Imagínate si logramos que el propio Messi vaya a Ruanda a conocer a su gorila. Le argentinizamos el linaje. Publiqué la idea en Instagram y las autoridades están abiertas a coordinarlo” apuntó.Para reflexionar sobre lo que experimentó durante su viaje Francisco cerró esta epopeya en el desierto en Namibia donde visitó Deadvlei y Sossusvlei y subió por la Big Daddy una de las dunas de arena más altas del mundo ubicada en el área de Sossusvlei dentro del Parque Nacional Naukluft. Presenció árboles petrificados dunas rojas y realizó una excursión de 100 kilómetros de dunas hacia la Costa de los Esqueletos. “En ese lugar me sentía muy chiquito muy indefenso” confesó.“El viaje me sirvió un montón recontra volvería. Muchas de las cosas son muy adrenalínicas te hacen vivir el presente. Eso se fue multiplicando durante todo el viaje. La capacidad que tuvo este viaje de volverme muy presente y pleno fue espectacular. No importa lo que va a venir ahora estoy acá en el ahora” completó.