«La única pregunta que nos queda es dónde está su cuerpo… adónde trasladaron el cuerpo». Mientras habla, el investigador Miguel Caballero sostiene entre sus dedos índice y pulgar una bala deformada del calibre 7,6 milímetros. Lo que queda de ella apenas mide ... centímetro y medio. Perteneció a un «proyectil cilíndrico con banda de forzamiento y estrías levógiras» de los tiempos de la Guerra Civil y fue encontrada en 2016, huérfana de esqueletos y otras evidencias criminales, en la tercera excavación que realizaba en busca de los huesos de Federico García Lorca , Dióscoro Galindo, Juan Arcoya y Francisco Galadí.Lo que para algunos que se dicen expertos 'lorquianos' es la prueba de un fracaso para el contumaz Caballero, autor de cuatro libros de investigación histórica sobre el asesinato de Lorca y buscador de sus restos, esa bala cuya deformación «supera el simple impacto de un cuerpo humano» da pie a la pregunta más incómoda, tras concluir «que aquellos pozos, donde la bala fue encontrada, fueron un lugar de ejecución»: «¿Adónde trasladaron el cuerpo?».« Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias abrieron los toneles y los armarios, destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro. Ya no me encontraron. »('Poeta en Nueva York', 1928-29)Perdida está también la voz del andaluz. El día que en el Madrid de 1931 le iban a grabar con micrófonos de cinta, cuando era compañero de Residencia de Dalí y Buñuel, no acudió a la cita. Se quedó dormido.Lo cierto es que en el puzle lorquiano resuena siempre la misma respuesta de la 'Fábula y rueda de los tres amigos': «No, no me encontraron». Hasta cuatro veces se ha abierto la tierra en pos de su fosa (2009, junto a un pinar, 2013, 2014 y 2016), pero la búsqueda de los huesos sigue infructuosa, y con la oposición firme desde el principio de su propia familia.« Llevan heridas sus cuatro sombras. ¡Bajo pinar! Cuatro palomas en la tierra están. »(Canciones 1921-1924)El informe oficialEn 2011 se hizo público un informe, el único oficial conocido hasta ahora del Régimen, redactado en Granada en 1965 y con el que se intentó justificar el crimen acudiendo a tres etiquetas malditas para el franquismo: masón, socialista y homosexual. De alguna forma, aquella intolerante España volvía a fusilar al autor de 'Yerma' y 'Bodas de Sangre' . Esta vez pretendió su muerte civil.«Asunto: antecedentes del poeta Federico García Lorca», se encabezaba el informe. Le llama masón («perteneciente a la logia Alhambra, en la que adoptó el nombre simbólico de Homero»), cosa que es falsa, y llena dos páginas de los peores calificativos en aquella dictadura: «Estaba conceptuado como socialista por la tendencia de sus manifestaciones», «estaba tildado de prácticas de homosexualismo [sic], aberración que llegó a ser vox populi».« Asesinado por el cielo, [...]Tropezando con mi rostro distinto de cada día.¡Asesinado por el cielo! »('Poeta en Nueva York', 1929-30)Para la familia, a falta de cuerpo y de otros documentos franquistas –se cree que existen al menos dos informes 'perdidos' más– sobre las circunstancias de la muerte, el informe de 1965 fue visto como «el reconocimiento interno, oficial, de un crimen político. Nunca lo hicieron público». Cuando en 2011 este reportero habló con Laura García Lorca, la sobrina del poeta quiso dar veracidad al texto: «Por el orden que se citan los motivos del asesinato, sitúan los hechos bajo el paraguas del crimen político».«Vino una orden, probablemente desde el Gobierno Civil, para que el cuerpo fuera desenterrado y trasladado a una de las pozas»En la partida de defunción del poeta, de abril de 1940 y realizada en el margen de una hoja anulada de otro difunto, se dice que el cuerpo fue hallado «en la carretera de Víznar a Alfacar» el 20 de agosto (falso) de 1936 y que murió «a consecuencia de heridas producidas por hecho de guerra». En el expediente de Responsabilidades Políticas abierto contra Lorca en 1940 con acusaciones de masón, socialista y pro-ruso, se le presentaba «considerado como desafecto al Glorioso Movimiento». Un escrito de Falange decía que «parece que era un invertido». La causa quedó sobreseída en 1946.Tras más de dos décadas de averiguaciones, dice Caballero –el más Sherlock Holmes de los investigadores del crimen, en una lista que encabezan extranjeros como Gerard Brenan, Claude Couffon, el costarricense Agustín Penón, el italiano Enzo Cobelli, Ian Gibson o la francesa Marcele Auclair, entre otros– que hay un rastro que lleva de Granada a una calle de Madrid (del Plomo) donde el Ministerio del Interior acumulaba hasta hace poco los expedientes de todos sus policías. Allí, cree Caballero, podría estar la 'piedra roseta' del asesinato: el informe de 1966 que dos agentes especiales enviados a Granada por El Pardo hicieron para el caudillo. Sabedor de tantas excusas y mentiras, quería respuestas sin tinta de calamar.« Ya los musgos y la hierba abrencon dedos seguros la flor de su calavera…Estamos con un cuerpo presente que se esfumacon una forma clara que tuvo ruiseñoresy la vemos llenarse de agujeros sin fondo. »('Llanto por Ignacio Sánchez Mejías', 1935)Arriba: reconstrucción de la ejecución de Lorca. Sobre estas líneas a la izquierda: los cadáveres del poeta y los que fueron fusilados junto a él, en 'Lorca, las horas perdidas'. A la derecha: el actor que hace del poeta en el documental ABCLa fosa y los desentierrosEl primero en preguntar por el lugar de la fosa fue, en 1950, el inglés de las Alpujarras Gerald Brenan , y ya señaló el camino entre Víznar y Alfacar. Pero la maraña con especulaciones sobre fosas y desentierros no dejó nunca de crecer. Hasta corrió el rumor que días después de su ejecución, según dejó escrito Penón, «dándose cuenta las autoridades del revuelo que esta muerte había causado, vino una orden, probablemente desde el Gobierno Civil, para que el cuerpo fuera desenterrado y trasladado a una de las pozas… O que el lugar de la tumba de Federico en Víznar había sido cambiado por orden de las autoridades».« Si muero, dejad el balcón abierto. El niño come naranjas. (Desde mi balcón lo veo.) El segador siega el trigo. (Desde mi balcón lo siento.) ¡Si muero, dejad el balcón abierto! »('Despedida', del poemario 'Canciones', 1921-1924)Sostiene Caballero que la verdad 'oficial' del crimen fue creada por la propia policía fascista, que intoxicó a Agustín Penón y su investigación de 1955, de la que han bebido casi todos los investigadores del asesinato, incluido Ian Gibson. Se sabe, además, que una carpeta está perdida, «la número 8», que tenía el gobernador José Valdés Guzmán con el título «asunto García Lorca». Según dijo su hijo al escritor Molina Fajardo, la encontró vacía en 1975. «Me dijeron que estaba en Presidencia del Gobierno».Pese a tanto documento 'desaparecido', Caballero tiene muy clara la sucesión de hechos finales. «Poco después de las 3 de la madrugada de aquella noche sin luna, dos coches que llevaban a los presos y a los ejecutores salieron de La Colonia rumbo a Alfacar. A mitad de camino, se detuvieron. Como la escuadra necesitaba la luz de los automóviles para efectuar los disparos, tuvieron que entrar en una zona llana no muy lejos de la carretera, un terreno que se empleaba como campo de instrucción. Allí había restos de unos pozos con agua subterránea que hacían que la tierra estuviese muy blanda y fuese fácil de excavar para hacer las fosas… A la mañana siguiente, tres presos enterradores de La Colonia cubrirían definitivamente los cuerpos».« Madre, cuando yo me muera,que se enteren los señores.Pon telegramas azules que vayan del Sur al Norte.Siete gritos, siete sangres, siete adormideras dobles,quebraron opacas lunas en los oscuros salones. »('Romance del emplazado', 1928)El acta de defunción de Lorca ABCLas incautacionesLas incautaciones de propiedades de los 'desaparecidos' representan otra de las atrocidades tras los fusilamientos del adversario. Les ocurrió al Camborio y a dos presos enterradores de Federico. Y casi a los García Lorca. El 16 de septiembre, un mes después del asesinato de su hijo, el Gobierno Militar le incautó a Federico García Rodríguez todos sus bienes. Las propiedades le serían devueltas a finales de año. Hasta abril de 1940 no logró que le entregaran un certificado de defunción de su hijo.Meses después zarparía con toda la familia hacia Nueva York. Para el viaje vendió algunas tierras y cinco casas de Valderrubio. Falleció a los 86 años en Estados Unidos, dejando a su mujer e hijos los derechos de autor de la gran obra de su primogénito. Vicenta Lorca Romero, la madre de Federico, regresó a España en 1951. Se hizo construir una casona similar a la del Huerto de San Vicente (predio que llevaba ese nombre por ella) en el pueblo madrileño de Meco, donde murió en 1959, con 89 años.Ese mismo 1959, en la Granada a la que nunca regresó Vicenta, tres de los ejecutores de su hijo volvieron al lugar del crimen, convocados por el hijo del capitán Nestares. De los tres, Caballero resalta uno, porque aúna premonición y odios de la Vega. Y con él se atreve a formular la pregunta: «Si se conocían desde niños y por la familia, algo inquiriría García Lorca a Antonio Benavides cuando lo vio encañonándole con el Mauser… ¿no? Posible es hasta que se cruzara alguna frase como ¿por qué me matas, primo?». Así, a bocajarro.« La luna deja un cuchillo /abandonado en el aire,/ que siendo acecho de plomo / quiere ser dolor de sangre. [...] Pues esta noche tendrán / mis mejillas roja sangre. » ('Bodas de Sangre', 1931)