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El falso ego de Lamine Yamal
Ha dado mucho que hablar -siempre lo hace cuando se pone delante de un micrófono- la entrevista de Lamine Yamal en "Universo Valdano" emitida esta semana en la que reclama el Balón de Oro. En ella también se proclama como el mejor del mundo junto a Mbappé. Un ego que va en aumento y que puede pasarle factura, pensarán algunos. Pero lo cierto es que no conozco a una estrella más generosa que Lamine sobre el terreno de juego. Ego fuera, pero no dentro. Solo hace falta echar un vistazo al partido del Pizjuán. Regaló dos goles a Raphinha y se fue con una sonrisa de oreja a oreja. Pero se especulaba, hasta hace poco, con su estado de ánimo. Que estaba triste, decían. Y lo cierto es que su conciencia colectiva va en aumento. A su edad, con su trascendencia y los focos que se agolpan ante cualquier mínimo gesto suyo, resulta tremendamente significativo que Lamine esté creciendo como futbolista en lo colectivo. En esa misma entrevista, Lamine señala su acción en el gol de Ferran Torres en la gran final del Mundial. Su capacidad para atraer adversarios y así descargar rápido a un compañero libre de marca. Es en esa toma de decisiones donde resulta antinatural que estemos ante un chaval de 19 años. Y, como digo, se trata de una ejecución donde, generalmente, su objetivo es que la jugada acabe de la mejor manera posible para el equipo. No para él, no para sus estadísticas. Para que el equipo, el Barça, marque y gane el partido. Menudo ego incontrolable, ¿verdad? Fuera de ahí, vestido de calle, Lamine es un adolescente en estado puro. Divertido en redes sociales, provocador en sus declaraciones, insultantemente confiado en sus posibilidades. Lo de alentar al público del Pizjuán ya es otra cosa. Sobra totalmente. Pero Lamine también se equivoca, faltaría más. Tampoco es que tenga muchos episodios de este estilo en su haber. Concedámosle el beneficio de la duda. No deja de ser un joven en, todavía, fase de crecimiento. Igual que su fútbol. Que no es propio de un ególatra. Y si no, que se lo pregunten a Raphinha. Que en sus 12 goles de Oro creo que tiene algo que ver. Ojalá ese amor por uno mismo pero al servicio de otros sobre un terreno de juego lo viésemos en otras grandes figuras. No es tan fácil.
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· Jaime Rincón