La fotovoltaica corre el riesgo de morir de éxito en España. Mientras el país instala más placas que nunca, más de 12.000 puestos de trabajo vinculados a la energía solar han desaparecido en un año en nuestro país, según datos del cierre de 2025 actualizados esta semana por la patronal Unef. La cifra -incluye puestos directos, indirectos e inducidos- es el síntoma de un pinchazo. El sector ha empezado a agrietarse por el empleo, pero las raíces de la crisis son mucho más profundas, lo suficiente para llevar a la patronal a pedir un rescate al Gobierno en forma de créditos avalados por el ICO ante el riesgo de default. El sector alcanzó en 2022 su récord de empleo en más de 10 años, con 152.418 ocupados totales, al calor de la subida de precios eléctricos por la invasión rusa de Ucrania. Esto disparó la demanda de autoconsumo y ensanchó los márgenes de las renovables que operaban en mercado. El pico avivó el apetito de los inversores, que apoyaban con entusiasmo una ronda de financiación tras otra, y también las expectativas de unas empresas que redimensionaron sus plantillas y planes estratégicos. Pero la factura se moderó y la demanda volvió a su cauce. En apenas dos años, a muchas empresas se les quedó grande su propio traje. En 2025, el empleo total se situó en 134.708 personas, más de 17.700 ocupados por debajo del punto álgido de 2022. Se trata del peor retroceso en, al menos, una década. Pero sobre todo es el primero que no puede achacarse a factores externos, como el recorte de primas a las renovables o el impuesto al sol, sino que responde a las condiciones del mercado y a las propias reglas del juego eléctrico. La pérdida de empleos se ha cebado, sobre todo, con ciertos eslabones de la cadena: los productores y las ingenierías e instaladores de placas. El mayor golpe lo han encajado los productores, que pasaron de 67.335 ocupados en 2024 a cerrar con 59.914 el año siguiente, un recorte de más de 7.000 puestos y que explica seis de cada diez empleos destruidos en el conjunto del sector. No es baladí: son estas empresas las que más están sufriendo la temida curva del pato, el fenómeno por el que los precios de la electricidad se hunden en las horas centrales del día, cuando entra la fotovoltaica, y se disparan por la noche. ¿El resultado? Un mordisco a los márgenes que golpea directamente la rentabilidad de los parques que vierten su energía a la red. De nuevo, en el fervor de 2022, con la factura completamente descontrolada, el precio medio capturado por la fotovoltaica (lo que se ingresa por cada megavatio producido) llegó a sobrepasar los 150 euros/MWh. El año pasado no llegó a 40 €/MWh. Hasta hace unos años, las fotovoltaicas captaban precios muy similares a los del resto de tecnologías, porque su penetración no llegaba a saturar el sistema en las horas centrales del día. «Al crecer la capacidad solar con mucha más rapidez que la demanda capaz de absorber esa producción, esta tecnología comenzó una senda de captura de precios inferiores al valor medio del mercado mayorista», explica el informe La crisis de valor de la energía solar fotovoltaica en España publicado por el think tank ultraliberal Centro Peter Huber. Por su parte, el presidente de Unef, José Donoso, describe el fenómeno como "la fosa de las Marianas", en alusión a la gigantesca diferencia de precios entre el día y la noche. La patronal ha llegado a contabilizar casi800 horas con precios iguales a cero o negativos, franjas en las que la solar se ve abocada a malvender su producción o a pagar por generar. "Esto no significa que la energía solar haya dejado de ser competitiva. Al contrario, parte del problema nace precisamente de su éxito (...) se ha instalado masivamente porque es asequible, modular y rápida de construir. Pero la rentabilidad de una planta no depende solo de cuánto cuesta producir, sino también de cuánto se ingresa por esa producción", explican desde el think tank. REGUERO DE QUIEBRAS El segundo foco de esta sangría laboral está en las ingenierías y las instaladoras, donde el empleo cayó de 36.103 ocupados a 32.483 en el último año, un 10%. Dicho de otro modo, donde se han borrado 3.620 puestos de trabajo desde 2024. Pero aquí el ajuste responde más a un reguero de empresas quebradas o en proceso de reestructuración, generalmente, después de haber dimensionado su tamaño por un boom que acabó siendo pasajero. Buena parte de esas compañías instalaban autoconsumo a particulares, un segmento que aceleró con fuerza entre 2021 y 2022, con el viento a favor de unos precios enloquecidos que empujaron a los consumidores a sembrar sus tejados de paneles para rebajar la factura. También gracias a un ambicioso despliegue de ayudas públicas. España registró en 2022 un récord absoluto de instalación de autoconsumo, con 2.500 MW. Tras dos años de desplome en picado -el ritmo de instalación cayó un 32% en 2023 y cerca de un 31% en 2024-, el sector se ha asentado en una meseta inferior a 1.500 MW anuales. El recorte tiene nombre y apellidos. Uno de los primeros signos de alerta saltó en noviembre de 2023, cuando la catalana Holaluz, comercializadora e instaladora de autoconsumo, anunció un ERE para 200 personas, el 30% de su plantilla. Meses después, en abril de 2024, la CNMV suspendía de cotización al gigante gallego EiDF Solar, también enfocado al autoconsumo, al detectar indicios de manipulación contable y falsificación documental. La compañía se desplomó en bolsa, pasando de 1.800 millones de capitalización a poco más de 200. Su facturación siguió una senda similar, de 300 millones anuales a apenas cinco. Ese año, la catalana SolarProfit se declaró en preconcurso y comunicó un ERE para despedir al 90% de sus trabajadores, unas 400 personas. En octubre de 2024, le llegó el turno a Soltec, fabricante murciano de seguidores solares, que tras un largo proceso de negociación con acreedores acabó en manos de un fondo de inversión estadounidense, DVC Partners, y con un ERE para 159 personas. Sunhero, Solarmente o Eltex son algunos de los casos que han engrosado la lista de fotovoltaicas en apuros en 2025 y 2026, si bien en lo que va de año la subida de precios eléctricos por la guerra en Irán ha devuelto algo de brillo al sector. El problema es que en este tiempo también se ha producido un incremento sustancial de las llamadas restricciones técnicas, con las que Red Eléctrica obliga a generadores a parar por motivos de seguridad. Desde el gran apagón, el operador ha frenado más a la solar para inyectar gas. TRASVASE DE TALENTO HACIA LA IA Más que como una alerta, Ana Campos, associate director de Amrop España, firma especializada en la búsqueda de directivos, interpreta los datos como «un cambio de ciclo». A su juicio, el sector ha pasado de una primera fase de desarrollo y tramitación (papeleo) a otra de construcción y operación. La experta constata que «la venta pura de fotovoltaica está sufriendo», lo que está abriendo la puerta a cierto trasvase de talento a otros sectores en expansión. «Prosperan otros vectores: baterías, biometano, gases renovables, hidrógeno e infraestructura digital. Las competencias de los profesionales fotovoltaicos se están desplegando hacia estos nuevos vectores energéticos en crecimiento en España», constata. Los salarios ya reflejan ciertos cambios, aunque de forma desigual. Campos no aprecia «fluctuaciones generalizadas y bruscas», pero sí tensión en la infraestructura digital y los centros de datos. «Al requerir profesionales del sector energético con competencias transferibles, la alta demanda y baja oferta están empezando a incrementar e inflacionar un poco las propuestas salariales», explica. Desde el sindicato UGT centran el foco del pinchazo en el autoconsumo particular, y al fin de las condiciones excepcionales que siguieron a la pandemia: más teletrabajo, mayor consumo eléctrico en casa y mejora del ahorro. «Todo ello hizo que se creara un boom en toda España y, cuando estos estímulos han pasado, las empresas se han visto abocadas al cierre y los ERE, aunque muchas recurrían subcontrataciones». Ahora, desde UGT condicionan la salud del empleo a la continuidad de subvenciones y exenciones fiscales que han dado «estabilidad» al sector en los últimos meses. De lo contrario, avisan, «la demanda otra vez va a descender y veremos, quizás, pérdidas de empleo en el sector». «Todo depende de los precios de la energía, la demanda, las ayudas y la recuperación de la inversión o rentabilidad», analizan. El sindicato también mira a China. «En España apenas se fabrican componentes salvo algunos inversores y estructuras metálicas, siendo China el mayor fabricante y también el mayor importador de esos materiales», apuntan fuentes sindicales. Campos señala igualmente al gigante asiático, que ejerce una fuerte presión sobre los precios y los márgenes de la industria europea. «El impacto de la economía china ha sido muy fuerte y se nota desde hace años. Por eso la cadena de suministro y la escalabilidad del negocio están en un momento crítico, con contrataciones más sofisticadas, alta complejidad estratégica y mucha presión sobre los márgenes», zanja la especialista.