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David Koma, director creativo de Blumarine: " El 50% del tiempo necesito ignorar por completo lo que está ocurriendo en el mundo para poder crear"
Esta es la segunda vez que entrevisto a David Koma o, mejor dicho, a la mitad de David Koma (1981, Tiflis, Georgia). La primera, hace dos años, hablé con su versión director creativo de su marca homónima; ahora lo hago con la de diseñador de la mítica marca italiana Blumarine, a cuyos mandos está desde hace algo más de un año.La verdad es que por aquel entonces pocos hubiesen apostado por Koma como el diseñador sobre quien hacer recaer la responsabilidad de reanimar la casa fundada por Anna Molinari en 1977, célebre por su sensualidad juguetona, floral e hiperfemenina, en los últimos tiempos un poco desdibujada, perdida o rutinaria. Porque Koma era y es sensualidad, sin duda. Pero la suya es cañera, dura y futurista, poco que ver con margaritas y transparencias sutiles. "Diseño para una femme fatale del siglo XXI, una mujer compleja, dura pero sensual, libre pero controlada, joven pero madura", definía a su target en nuestra primera charla este diseñador que primero fue niño prodigio –presentó su primera colección a los 15 años en Rusia– y, tras pasar por la Central Saint Martins de Londres, fundó su propia marca en 2009. Pero lo cierto es que a la vista de las colecciones que Koma ya ha facturado para la casa milanesa, la apuesta no ha sido descabellada. Blumarine necesitaba alguien capaz de agitar y hacer de nuevo significativa su propuesta sin cargarse por el camino el ADN que la hace singular. El director creativo de Blumarine, David Koma.D.R. Estamos hablando en uno de los años más agitados de las últimas décadas, con una industria de la moda sumida en una situación bastante incierta... ¿Cómo está resultando para David Koma 2026?Como siempre, estoy trabajando en varios proyectos al mismo tiempo y bastante ocupado, lo cual supongo que es bueno, porque soy un auténtico adicto al trabajo: cuanto más ocupado, más productivo. Últimamente me interesa mucho la idea del refinamiento: utilizar las mismas técnicas y métodos que siempre han funcionado, pero intentando hacer menos con mayor impacto, precisión y calidad. En 2026, como todos sabemos, están ocurriendo muchas cosas en el mundo y el sector del lujo y las empresas se están viendo afectados y puestos a prueba por la situación general. Eso me ha empujado aún más a centrarme en lo importante. Tengo la suerte de poder mantener todos los negocios en los que estoy implicado, seguir avanzando y hacer lo que me gusta. ¿Piensas en cómo los cambios que se avecinan pueden afectar a la moda y a tu propio trabajo?Es una pregunta difícil porque en mi trabajo desempeño distintos papeles. Está la parte creativa y la empresarial. En mi faceta creativa puedo ser completamente libre, ignorar la situación del mundo, sumergirme en mis fantasías y desarrollar mi visión. Pero desde el punto de vista empresarial necesito ser consciente del momento, la situación mundial, los plazos y los compromisos por cumplir. Diría que el 50% del tiempo necesito ignorar por completo lo que está ocurriendo y sumergirme en la creatividad, y después volver a la realidad para equilibrar los objetivos y los tiempos. A menudo exploro esa dualidad de distintas maneras en mi trabajo y ahora me doy cuenta de que también tengo que aplicarla a mi propia forma de trabajar. Necesitas ser consciente de la realidad y estar alineado con ella, pero, al mismo tiempo, no estarlo. Diriges dos firmas con identidades muy diferentes. ¿Cómo consigues separar Blumarine de David Koma?Siempre he tenido muchísimas ideas. Nunca me han faltado conceptos nuevos o creatividad. Lo más difícil es implicarte de verdad no sólo en la dirección creativa, sino también con todo el equipo de cada proyecto. Tienes que establecer relaciones personales y profesionales que permitan materializar tu visión y conseguir que todo el equipo esté de tu lado. Hace unos 10 años trabajé como director creativo de Thierry Mugler durante cuatro y aquélla fue mi primera experiencia desempeñando este doble papel entre dos países y dos universos diferentes. Me enseñó mucho sobre cómo gestionarlo mental y profesionalmente, más que en lo creativo. Con Blumarine no me ha resultado difícil porque ambas casas tienen unos códigos y una identidad muy claros. Es como llevar dos sombreros diferentes. Cuando vuelo de Londres a Milán me cambio de sombrero y, de una forma casi abstracta, aunque no hablo italiano, es como si empezara a hacerlo. Trabajas con los códigos que esa casa ya posee. La referencia sombrerera resulta de lo más conveniente. En línea con lo que proponía en 1985 el psicólogo maltés Edward de Bono(Seis sombreros para pensar), no es poco reto para un diseñador guiar dos marcas sin mezclar las ideas de una firma con las de la otra si uno no cuenta con determinadas herramientas mentales. Para crear, Koma se pone el que Bono podría denominar el "sombrero de la creatividad diferenciada", uno que le permite enfocarse para su propia marca en siluetas hiperesculturales, minimalismo cortante, estética agresiva y glamour futurista y contemporáneo, y con Blumarine cambiar a un sombrero impregnado del ADN histórico de la marca italiana: romanticismo fluido, encajes, estampados de flores e inspiraciones góticas o cinematográficas. No sólo repartes tu creatividad entre tu marca y Blumarine. También repartes tu vida entre Londres y Milán. ¿Cómo se organiza esa doble vida? Divido mi tiempo prácticamente al 50% entre ambas. No existe una agenda estricta: a veces voy cada dos semanas, otras veces en semanas alternas. Los dos equipos comparten mi tiempo según las necesidades de cada casa y durante este último año y medio todo ha sido bastante orgánico y fluido. Además, Londres-Milán no es un trayecto largo. Vivo en el este de Londres y tardo unos 25 minutos en llegar al aeropuerto. Desde Linate [uno de los tres aeropuertos de Milán] hasta mi oficina hay otros 30. Puede parecer un detalle menor, pero para mí es importante que el viaje sea sencillo y agradable. Ahora, en lugar de verlo como un reto, lo veo como algo positivo: desplazarme entre las dos ciudades me permite aplicar distintos filtros a mi visión y eso me ayuda a desarrollar los proyectos. Me parece incluso inspirador. Londres y Milán tienen energías creativas muy diferentes.Son ciudades muy distintas, sí. Había viajado muchísimo por Italia, pero nunca había vivido en Milán y trabajar para Blumarine ha sido mi primera experiencia de descubrimiento profundo de la ciudad. Me encanta su ambiente. Lo maravilloso es, además, que estás en una gran metrópoli, pero, especialmente si trabajas en moda o diseño, alrededor de Milán tienes fábricas y talleres artesanales extraordinarios capaces de producir desde joyería hasta bordados, denim o prendas de punto. Todo está a una o dos horas en coche. Eso ofrece una perspectiva muy distinta sobre cómo diseñas y cómo fluye el trabajo respecto a Londres, donde a menos que lo hagas tú mismo, todo eso está muy externalizado. Milán tiene la ventaja adicional de contar con toda esa infraestructura alrededor. ¿Contar con esos proveedores tan cercanos enlaza de alguna forma con ese refinamiento que buscas ahora?Probablemente, pero sobre todo siento que cuanto más ruidoso se vuelve el mundo, más claramente quieres articular tu lenguaje y transmitir tu mensaje. La precisión y el refinamiento nacen de la confianza y de la madurez que he adquirido con la experiencia, pero también son una reacción al mundo actual. ¿Es cada vez más difícil lograr que el público entienda la esencia de una marca?La verdad es que no pienso en esa dirección. Yo sigo mi instinto y hacer el mejor trabajo posible. Sólo vivimos una vez, así que intento disfrutar cada momento. Cuando presentas una colección esperas que sea interpretada como tú la imaginaste. Pero siempre existe margen para la interpretación. La vida avanza, cambia, las marcas también. Para mí es importante mantener los códigos del ADN de la marca y sus mensajes, pero también reinterpretarlos desde una mirada contemporánea y dar al público la oportunidad de decidir cómo quiere leerlos. ¿Cuál fue el mayor reto al llegar a Blumarine? ¿Fue el creativo?Establecer una sinergia no sólo con los códigos de la casa, sino con todas las personas que trabajan en el proyecto. Mi visión no podría llevarse a cabo sin esos vínculos dentro de la firma. En David Koma toda la estética y la identidad han sido creadas por mí, así que funciona de una manera diferente. Blumarine tiene una historia, un legado. Se trata de aprender de ellos, sentirlos y traducirlos a través de mi propio lenguaje. Lo más difícil es establecer esa química con toda la casa en muy poco tiempo y conseguir que las partes técnica, creativa y empresarial se alineen lo antes posible. En cualquier caso, Blumarine te ha permitido explorar territorios totalmente nuevos para ti... ¿Cuáles han sido los principales?La primera palabra que me viene a la cabeza es romanticismo. También espontaneidad y suavidad. Mi trabajo suele centrarse en la escultura, la precisión y la disciplina. Así que estoy disfrutando mucho de poder explorar el lado romántico, suave y espontáneo de Blumarine. ¿Qué sigue haciendo única a Blumarine dentro de la moda italiana actual?Siempre ha representado esa idea de una feminidad y una sensualidad totalmente desacomplejadas, vividas con plenitud. Creo que eso es lo que hace que siga siendo una firma querida, única y viva. Tu Pre-Fall 2026 para Blumarine es colorida y romántica, mientras que otoño-invierno 2026-27 es mucho más oscura y dramática. ¿Qué pasó?Siempre me dejo guiar por el instinto. La colección estaba inspirada en la belleza cinematográfica y la profundidad de Venecia. Seguí esa visión nocturna: la oscuridad, la transformación, la dualidad, la atemporalidad... Venecia es una ciudad muy especial para mí. El lugar que me hace sentir como un auténtico artista. Cada vez que camino solo por allí de noche, me transforma en otra persona y me lleva a lugares creativos diferentes. Fue una colección muy honesta e importante para mí. En el desfile de otoño-invierno ese espíritu veneciano seguía presente. Llevaba varias temporadas explorando la idea de un romanticismo oscuro y la idea principal del desfile fue el concepto de la diva. Sentí que tenía que ser la culminación de ese romanticismo oscuro, pero con una energía más milanesa, más intensa. Para mí fue una evolución natural. Da la impresión de que te resulta más interesante la noche que el día.Desde niño siempre me he sentido más creativo e inspirado por la noche. Es cuando tengo mayor libertad para imaginar y fantasear. Cuando se apagan las luces, yo me despierto. Durante mi adolescencia fui nocturno. Pero cuando empiezas a trabajar y a dirigir un negocio, la mañana se convierte en un momento muy importante para ver con claridad, tomar decisiones y marcar la dirección correcta. Aprendí a amar las mañanas. Ahora hago muchas cosas importantes entre las seis y las ocho, cuando todo el mundo sigue dormido. Es de día, pero sigo estando solo. Esas dos o tres horas son muy importantes para mi trabajo. Aunque también puedo sumergirme en una fantasía completamente desbordante después de medianoche. Necesito ambas cosas. Pero tus mujeres son mujeres de noche.Nunca lo había visto así. Quizá sea porque tengo facilidad para crear ropa para grandes ocasiones y ésas suelen ocurrir por la tarde o de noche. Pero en Blumarine, por su suavidad, ligereza y herencia, he explorado más que nunca la luz del día y la idea de la ciudad durante el día. ¿Te queda tiempo para salir de fiesta?Sí, me gusta salir y divertirme, pero normalmente no lo hago en Londres ni en Milán. Allí asisto a muchos eventos y fiestas, pero casi siempre están relacionados con el trabajo. Cuando estoy de vacaciones salgo mucho más. El fin de semana pasado fui con un amigo a Berlín durante tres días para un festival y fue una buena manera de desconectar. ¿Qué música escuchas?Me encanta el soul, el RandB, el techno, pero el afrobeat es lo que siempre logra ponerme de buen humor.
Source
El Mundo
· Silvia Nieto